Un lugar desde el que otear,
un punto aparentemente inmovil,
y su incertidumbre.





HORIZONTE se configura como depósito (Contrato por el que alguien se compromete a guardar algo por encargo de otra persona)
de mis dudas, afinidades e intereses. Un espacio donde reflexionar y no determinar. Una imagen en constante revelado.







El origen de este proyecto es una propuesta para pensar la postfotografía de la mano del texto
“La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica” de Walter Benjamin y, el lugar del diseño en esta extraña situación para la imagen y su difusión.
Benjamin señala que el arte se ha transformado por completo y en esencia. Ya no puede ser lo mismo por la aparición de la reproductibilidad técnica, y nuestra percepción sensorial
tampoco puede ser la misma, pues es alterada por la técnica. Antes de la fotografía, la obra de arte era concebida como algo cultual, ritual; algo único, irreproducible y su valor
residía precisamente en su autenticidad. Cuando esto se puede reproducir en masa a partir de la fotografía, la obra de arte pierde su existencia única. Pierde su aura, su aquí y ahora.
La reproducción técnica de la realidad, supera la singularidad de cada hecho, su existencia única por su existencia masiva, por su recepción como reproducción.


Yet/ 6’45”


El filósofo Franco Bifo Berardi describe este proceso como una “erosión de la sensibilidad”, mientras que otros, hablan incluso de un “sujeto autista” en referencia a esta desconexión emocional. Es decir, una disminución del tiempo que podemos dedicar a nuestras emociones debido a la sobrecarga informativa, lo que conlleva la desaparición del afecto. Vivimos en un estado de hiperconexión constante que, paradójicamente, nos lleva a una profunda desconexión. Para protegernos de la sobreexposición, reducimos nuestra capacidad afectiva, surgiendo así una nueva y compleja relación entre lo político, lo social y lo emocional. La cámara es el inconsciente óptico y requiere que nuestra atención sea dispersa, acabando con la contemplación.

La exposición consta de seis piezas, y cada una explora el concepto del silencio desde distintas perspectivas. Cada pieza está creada con técnicas que exigen ritmos más pausados, mayor conciencia y en las que no existe un control total del resultado. El uso de la risografía, el bordado de gran escala, la cianotipia y el dibujo responde a la necesidad de recuperar la atención y el tiempo en el proceso creativo.

Una de las piezas es una instalación de piedras recogidas en las diferentes playas que recorrí durante el desarrollo del proyecto, intervenidas de forma sutil. 
Esta instalación no es solo un conjunto de objetos inertes, sino el resultado de un tiempo acumulado: viajes, hallazgos y gestos mínimos que dirigen la mirada del espectador hacia aquello que a simple vista parece muerto, pero que, en su quietud, sigue comunicando algo a quien se detiene a observar. Existe además una dimensión ecológica, pues en lugar de producir algo nuevo, intervengo lo que ya
existe: la pieza no añade más ruido al mundo, sino que propone una nueva forma
de mirar lo que ya está presente.

Otra de las piezas es un audiovisual (6’45”) cercano a lo performático. En ella, el bastidor utilizado para el bordado, se convierte en una herramienta para enmarcar el gesto de sentarse, mirar y atender. El bastidor crea márgenes dentro del paisaje infinito del horizonte, acentuando la idea de lo inacabado. Enmarca el silencio y el misterio del horizonte, aquel punto lejano que nos resulta aparentemente inmóvil pero cuya quietud no podemos confirmar pues pertenece tan solo a la lejanía. Esta pieza refuerza la idea de una producción poco disruptiva e invasiva dado que el bastidor se coloca, la acción se graba y después se retira, devolviendo la playa a su estado original. En este sentido, la acción se convierte en una metáfora de todo el proyecto, reuniendo los gestos y conceptos de toda la exposición en un gesto efímero que no deja huella, que nos habla desde el silencio.


Yet/ Quietud intervenida

Yet/ Ensayo visual

                                                                             
La performance 6'45'' nos muestra a alguien sentado frente al horizonte, el lugar por
excelencia en el que se muestra el aura de los objetos naturales que Benjamin describía
como “la manifestación única de una lejanía por cercana que pueda estar”. Ninguna experiencia más singular, única; de contemplación clásica. Pero está grabada. El video se reproduce constantemente. La experiencia que era única, singular, ahora se vuelve múltiple, reproducible eternamente y percibida desde múltiples perspectivas por aquellos que se enfrenten a la pantalla. Se sustituye la existencia única de la cosa, por la posibilidad de que
sea visto por muchos ojos en diferentes momentos. Esta contradicción es muestra de una frustración por un mundo en el que todo es reproducible, multiplicable, replicable.
Parece que ya no hay lugares para la experiencia única, ya no hay espacio para esta quietud.

“Ante el daño, el silencio al que se sucumbe de inmediato no hace sino evidenciar el
fracaso del lenguaje, la necesidad de un tiempo interior propio que vuelva a precipitar
el habla; la posibilidad de continuarnos discursivamente tras lo acontecido cuando lo acontecido nos fractura”.
Yet es un silencio que se exige como momento de pensar en la manera que experimentamos
la realidad con la hipertecnificación e hiperestimulación. Es un intento de sobrevivir al mundo a partir de una lenta exploración que construye una propuesta, un discurso con el que reenfrentarse a la realidad. Esta propuesta no solo tiene una dimensión estética, sino también una fuerte carga ética y política. El diseño gráfico y la comunicación visual exigen una responsabilidad social, no son neutrales y tienen un impacto directo en la forma en que percibimos la realidad y nos relacionamos con ella.


Yet/ La condición humana








Yet/ Antesala del ruido

Si planteamos el diseño como meramente un incentivo para consumir, entonces debemos rechazar el diseño...
Si la arquitectura y el urbanismo son meramente la formalización de las actuales divisiones sociales,
entonces debemos rechazar el urbanismo
y sus ciudades hasta que toda actividad de diseño esté destinada a
satisfacer las necesidades primarias. Hasta entonces, el diseño debe desaparecer.
Podemos vivir sin arquitectura.


-SuperStudio-




¿Puede el urbanismo transformar sin neutralizar aquello que ya existe?

Actualmente, la isla de Zorrozaurre atraviesa un proceso de transformación impulsado por el plan de Zaha Hadid y promovido por el Ayuntamiento de Bilbao, que presenta el área como un territorio aislado y degradado necesitado de regeneración. Sin embargo, la isla no es un vacío: en sus naves y márgenes conviven universidades, espacios expositivos, iniciativas culturales y usos informales que revelan un momento de ebullición creativa y una identidad propia en construcción.

La cuestión entonces es clara: ¿dónde queda la voz de quienes habitan la isla?
¿Puede un proyecto urbano incorporar aquello que ya está sucediendo?
Super Future plantea una respuesta desde la ficción crítica. Propone la irrupción de un gran monolito blanco que atraviesa la isla y cruza la ría hacia la ciudad. Fabricado en bioplásticos hidrosolubles, el volumen se irá deshaciendo con la lluvia, evidenciando el carácter frágil y transitorio de las formas que se imponen sobre el territorio. El monolito actúa como metáfora del efecto homogeneizador de la globalización y de ciertos procesos de urbanización que tienden a borrar las particularidades locales.

No se trata de una propuesta literal, sino de una intervención conceptual que busca activar la percepción del espectador y abrir una reflexión sobre los procesos de transformación urbana y sus implicaciones sociales.






Bajo mi abrigo.mov


 
Ejercicio de experimentación tipográfica realizado en el workshop impartido por Stéréo Buro
en la Bienal de Diseño Gráfico de Chaumont, en Le Signe.

Diseño de un tríptico tipográfico a partir del concepto “Lizarra” (ceniza). La ceniza lleva el peso de la historia a sus espaldas,
del mismo modo que el polvo se presenta como “el aliento del tiempo depositándose sobre nuestras cosas para que recordemos que sigue corriendo”.

Mediante la fotografía, busco formas, grietas y heridas en mi entorno que nos hablen de ese transcurso del tiempo, y las trazo a través de mi gesto,
en un ejercicio de acompañamiento, sinergia y empatía. En ellas hago, además, más evidentes algunas formas que recuerdan a las letras que componen la palabra LIZARRA.

Los carteles no son necesariamente legibles, del mismo modo que no lo es la ceniza.
Se convierten así en un juego de búsqueda de tipos entre las cenizas, entre lo que fue y lo que es.




     

Albricias

Os presentamos Albricias, una revista física y digital que tendrá una publicación semestral y miscelánea. Albricias pretende construir poco a poco
una red de comunicación sin directrices entre amigos, donde cada uno exprese lo que quiera tal y como quiera hacerlo. Desde hace tiempo
queríamos iniciar una revista que no tuviese ninguna pretensión académica ni mucha editorial, tan solo ceder un espacio que funcionase como tradicionalmente
se concebía la difusión de las revistas en mano, reconectando de alguna forma con este aspecto físico de la red social que estaba contenido en la propia revista.
Esto no quiere decir que pretendamos alejarnos de nuestro presente y nuestra realidad tecnológica, pues es de donde nace todo nuestro concepto
y, por ello, Albricias irá generando un archivo digital.
Mirándolo ahora en retrospectiva, parece que este proyecto surge de alguna forma de nuestro vínculo personal como Julen y María, y nuestra creencia o más bien nuestra práctica de abrir todas las pestañas posibles en conversación y construir nuestras propias redes de sentido.
El modelo se asemeja a nuestra manera de comunicarnos, la cual hemos creado sintiéndonos soberanos y capaces de establecer conexiones tan libres como las que permite la amistad,
que generan un tipo de conocimiento quizás más fuerte que ninguno. Porque donde tienes la oportunidad de volver a experimentar la libertad de la infancia, toda conexión y todo camino es posible. Albricias es entonces una forma de agrandar nuestra red y de cederla a todo el que quiera jugar con nosotros.

Os cedemos nuestro jardín para que pueda ser de todos.

A raíz de esto llegamos al concepto que era perfecto para estructurar nuestra red: el hipervínculo. El hipervínculo fue un concepto que nos abrió las puertas a la materialización de una propuesta sin directrices, tan anárquica como queríamos que fuese para los autores y los lectores.
La hipertextualidad nos permite trasladar la construcción de sentido no al contenido sino a las conexiones que se van generando entre los que escriben y los que leen. Nos interesa lo que se produce en el salto de un lugar a otro como una forma de reinterpretar el mundo y la forma tradicional de exponer el conocimiento. Frente al sesgo y la contaminación del algoritmo y
de la publicidad, creemos que el hipervínculo sigue siendo capaz de permitir una red de conocimiento que destruya el sentido del corpus y abra nuevas posibilidades de pensar.
Como bien hemos dicho, solo queremos iniciar conversación. No queremos determinar nada. Queremos dar espacio absoluto, rienda suelta a la anomia de la infancia, que abre la posibilidad de múltiples realidades al mismo tiempo, comprendiendo la facilidad que todas las cosas nos ofrecen. ¿En qué se traduce esto? En que puedes escribir lo que quieras, dibujar, exponer imágenes o incluso audiovisual, experimentar con los formatos… La forma no importa mientras quiera expresar. El sentido no lo vamos a imponer, el sentido se construye. Queremos dar espacio para que la gente haga lo que quiera, generar un lugar en el que se puede construir autónomamente confiando plenamente en la voz de cada uno. Cualquier propuesta que tengas, por descabellada que te parezca, estamos dispuestos a escucharla y hacerla posible. 

Pretendemos jugar a  ser “realizadores”, pinchar vuestras miradas y colarnos en la intimidad de vuestras pestañas de Google. Alejarnos de líneas editoriales e identidades gráficas que moldeen el sentido. Nos interesa el sentido continuo y dinámico de la realización y su “vínculo con el hipervínculo”. Albricias se está realizando, se está construyendo.

O puede que solo seamos un autómata turco.





30 de Junio ––  1ª Publicación / Disponible en Librería Lasai (Madrid)












Dummy

Dummy es un alfabeto construido a partir del concepto de la mínima expresión.
Consiste en crear, dentro de la retícula más sencilla posible, la mínima expresión de cada una de las letras.

Una vez completado el alfabeto, y tomando como referencia los alfabetos de infinitas posibilidades de Nigel Cottier,
este crece hasta un peso Black Condensed y adelgaza hasta un Ultrathin Italic, creando así un total de 13 pesos.

Este espécimen está impreso en risografía a una tinta: Black HD






Trazos

“En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide”

- Eduardo Chillida -





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“¡Creéis haber copiado la naturaleza, creéis ser pintores y haber robado su secreto a Dios! ¡Para ser un gran poeta no basta conocer a fondo la sintaxis
y no cometer errores de lenguaje! (…) es una imagen (…) faltan el espacio y la profundidad; sin embargo, la perspectiva es correcta, y la degradación atmosférica
está observada con exactitud; pero a pesar de tan loables esfuerzos, no puedo creer que (…) esté animado por el tibio aliento de la vida (…)
El fuego de Prometeo se ha apagado más de una vez en tus manos y muchas partes de tu cuadro no han sido tocadas por la llama celeste (…)
Has flotado indeciso entre los dos sistemas, entre el dibujo y el color, entre la flema minuciosa, la rigidez precisa de los viejos maestros alemanes,
y el ardor deslumbrante, la feliz abundancia de los pintores italianos”

- La obra maestra desconocida, Honoré de Balzac -





Este proyecto no celebra un resultado, sino que reivindica el origen del diseño en la artesanía
y en el proceso. Defiende lo táctil, el tiempo y el error como espacios donde la forma surge del contacto entre la mano y la idea. Frente a una cultura dominada por la pantalla, plantea que el diseño no puede desligarse del cuerpo ni de la experiencia individual.

Cuestiona la dependencia de las herramientas digitales y la idea de que el ordenador ofrezca soluciones casi “automáticas” o incuestionables. Cuando el software se convierte en punto de partida y el diseño se reduce a producir más y más rápido, corre el riesgo de vaciarse de sentido y convertirse en simple motor de consumo.
La exposición recoge una investigación sobre color y composición que dialoga con referentes como Alexander Calder, Piet Mondrian, Bruno Munari y Josef Albers. A partir de un recurso básico —las cartulinas de color— se construyen patrones, estructuras y sistemas visuales, demostrando que de lo elemental puede surgir lo complejo y que el diseño, más que una respuesta inmediata, es una pregunta abierta entre nosotros y el mundo.





julen.asga@gmail.com
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