YET
Exposición/Editorial
2023-2024
Selekted





“Estar así y a solas con los dioses
mientras fluyen la luz, la corriente y el viento
y el tiempo hacia su término, y en ellos
concentrar la mirada,
no quiero ni conozco nada que dé más dicha
hasta que, como a un sauce, me arrastre la marea
y acogido y flotante me tenga que marchar,
dormido, entre las olas”

-Friedrich Hölderlin, Cantado al pie de los alpes-

Escribo esto después de mirar a través del Gran Bastidor. Aquel a través del cual los ojos cansados pero excitados de Julen buscan al fondo de todo un atisbo de quietud, un indicio de silencio, un punto de fuga. Nuestro mundo en el que prevalece sólo la cifra nos sumerge en la inestabilidad de un suelo líquido, sin sentido, un suelo en constante movimiento que deja de ser suelo para ser la imposibilidad de poner el pie en ningún sitio. Sobre esta arena movediza, la lejanía de un punto que desde aquí nos resulta inmóvil se convierte en un refugio para la inquietud de nuestros espíritus.

Quieto el bastidor sobre la arena, lo que antes era fondo es ahora figura. Quieto Julen frente al horizonte, brota el paisaje, pues solo está ahí para quién lo mira.

En la quietud de esta lejanía experimentamos paradójicamente la aparente inmovilidad de un punto y la imposibilidad de certeza de la misma. Nos enfrentamos a un Misterio, la imposibilidad de distinguir donde termina el mar y donde comienza el cielo. Y es frente a este Misterio incalculable, impredecible, incomprensible para nuestras cabezas que
todo buscan comprender poseer, donde, por un segundo, encontramos calma. Pues la calma ya no es tanto el fundamento de una línea horizontal sino el vértigo frente a la pérdida de horizonte. Un punto inmutable, sin huella humana, por el que no pasa la historia. Aquel que sigue siendo igual desde el inicio de los tiempos. Y aquel en el que se han concentrado tantas miradas a lo largo de la historia buscando
el mismo tipo de sosiego. Dar voz al fondo es también dar
voz a todos estos ojos que lo miraron por no encontrar paz
en la figura. Por ello, esto siempre es un relato común, un
co-sentir, que surge de algo tan solitario como mirar al mar
y sentirte pleno.

Nuestro tiempo se siente acelerado. Nos sobrepasa.
Todo avanza a una velocidad inasumible. Todo a nuestro alrededor está en constante movimiento. 
Y aún así, miramos a las piedras y nos resultan inmóviles. Quizás porque en nuestro tiempo de lo fugitivo, lo transitorio,
la novedad; se esconde en realidad la eterna repetición de lo mismo. O quizás porque ya solo vemos vida en lo que en realidad está muerto, en las cosas. Sólo encontramos sacralidad en el mundo de los objetos. Y solo percibimos lo vivo, lo orgánico, como algo muerto, desposeído de todas sus cualidades para convertirse en algo a poseer.

Si hubiese aquí dentro algo así como un alegato sería el de trasladar el foco a lo dormido para nuestra atención, al placer
de los márgenes, al fondo, al silencio. Pero el silencio no es nada vacío, en cuanto es reino de posibilidades. Frente al ruido del mundo, silencio. Frente al inmovilismo, decisión.

Si bien la fotografía es siempre ficción en cuanto detección
del instante, esta ficción aquí busca remarcar esta ausencia de movimiento. No para enfrentarnos al vacío sino a la antesala
del ruido, donde se permite encuadrar el movimiento. El vacío
se abre así no como pura negatividad sino como el espacio abierto a todo lo posible. Frente a la cámara, como frente a nuestros limitados ojos, aún-no es movimiento. Hay algo que
no se deja retener por la cámara, ni por el marco, ni por aquel que mira; algo que nos sobrepasa, que aún-no podemos entender, atrapar o poseer.

Algo que nunca termina de ser.

Y frente a este Misterio que aún-no es, tenemos a nuestra disposición el placer de lo inacabado, de los márgenes, del misterio, del vértigo. El placer de la tensión que se esconde en el silencio que, mudo, recorre nuestras entrañas para hacer hablar a lo más apagado de nuestros adentros. Julen nos precipita aquí al interior del vacío donde habitan, dormidas, nuestras preguntas.

Ahora sí. Silencio.



-María Irache Cabello-




El pensamiento postindustrialista y la promesa tecnológica de la vida moderna, nos han situado como individuos en un contexto nada ecológico, no solo en términos medioambientales sino, también visuales. Ya a mediados del siglo XIX, tras la primera revolución industrial, nuevas patologías comenzaban a emerger entre los habitantes de las ciudades.

"Una de las consecuencias sociales del crecimiento de la intelectualización sería el exceso de exigencia a la actividad cerebral y la consiguiente aparición de nuevas patologías. Es el caso de la fatiga mental y, como derivación de esta, la neurastenia, enfermedad que en la época permitió otorgar entidad clínica a la fatiga patológica. La fatiga mental y su extensión en la neurastenia -literalmente, "debilidad nerviosa"- eran consideradas signo de una sensibilidad excesiva producto del agotamiento nervioso derivado del ritmo intenso de la vida industrializada. (...) La neurastenia, cuyos síntomas serían similares a lo que hoy en día enmarcaríamos bajo el diagnóstico de síndrome de fatiga crónica, se convirtió así en una de las neurosis asociadas a las condiciones impuestas por la vida moderna, que podía vincularse al exceso
de estímulos sensibles y a la sobrecarga de trabajo mental. Lo interesante de esta enfermedad es que
el origen de la misma no se situaba únicamente en la biología, sino que la cultura podía generarla como consecuencia de los estímulos de la gran ciudad, de las nuevas pautas de comportamiento o de las condiciones laborales".

Lo que resulta aún más interesante de este acontecimiento, además de la clara relación entre la sobreestimulación del contexto industrial y las diferentes consecuencias en la salud mental de la población, es que los diagnósticos en un primer momento son dirigidos únicamente hacia la burguesía y a medida que el consumo y la cultura van democratizándose, lo mismo hacen estas patologías.



Yet/ Condición Humana



En la actualidad, según la OMS, "Una de cada ocho personas en el mundo padece un trastorno mental" los cuales "comportan alteraciones considerables del pensamiento, la regulación de las emociones o el comportamiento".

El tecnocapitalismo en el que vivimos produce datos, imágenes e información a una velocidad inasumible. Este bombardeo informativo nos abruma y genera en nosotros un sentimiento de impotencia e indefensión, dejándonos en un estado de parálisis que nos impide tomar acción y favorece nuestra dependencia hacia las pantallas. El cerebro responde a esta sobrecarga con una insensibilización progresiva, un mecanismo de defensa ante la constante estimulación.
           Neurocientíficos sostienen que nuestro aprendizaje se produce mediante la combinación automática de hechos con las emociones que los acompañan, generando así sentimientos derivados de esas experiencias. Sin embargo, cuando este aprendizaje se traslada a las máquinas, la dimensión emocional se pierde, lo que dificulta la capacidad de dar significado a lo experimentado, resultando en un empobrecimiento de nuestra vida emocional o afectiva.

El diseño gráfico y la comunicación visual actúan como cómplices de esta sobrecarga informativa y de la explotación de la atención como un recurso comercial. Se ha convertido en un dispositivo de control: nos dirige, nos impulsa a consumir y nos mantiene en un estado de constante alerta. La industria del diseño ha normalizado la urgencia y la sobrecarga visual, sin cuestionar su impacto en la salud mental y en la manera en que nos relacionamos con el mundo.







Si la sobreestimulación visual ha contribuido a una erosión de la sensibilidad y una desconexión emocional, podemos entender que el diseño gráfico tiene la responsabilidad de replantearse su función. En este contexto, Yet nace como una crítica y una alternativa a este modelo, proponiendo una nueva forma de entender la práctica del diseño y su impacto en la sociedad. La propuesta no busca imponer un mensaje, sino abrir un espacio para la contemplación y la reflexión.

Se propone un acercamiento y reconexión con la lejanía, la quietud y el silencio. Para ello, es necesario situar la mirada no en el resultado final sino a través del recorrido, en el proceso. Entender el silencio no como pura negatividad sino como el espacio abierto a todo lo posible. Un espacio lleno de dudas, de misterios y carente de datos donde aburrirse esperando. A través de procesos de creación desacelerados, experimento en una diversidad de formatos que van de la performance al bordado, tecnologías y lenguajes que buscan establecer otros ritmos de producción y nuevos enfoques en la observación del mundo y la práctica del diseño gráfico, promoviendo una conexión más profunda y consciente.








Finalmente, Yet se materializa en un dispositivo expositivo. Un lugar sin información explícita en el
que se abren ventanas que enmarcan el silencio, donde nada ha empezado ni terminado, donde
todo sigue siendo y el espectador debe enfrentarse a la ausencia de mensajes inmediatos a través
de la quietud y la atención.
           La exposición consta de seis piezas, y cada una explora el concepto del silencio desde distintas perspectivas. Cada pieza está creada con técnicas que exigen ritmos más pausados, mayor
conciencia y en las que no existe un control total del resultado. El uso de la risografía, el bordado
de gran escala, la cianotipia y el dibujo responde a la necesidad de recuperar la atención y el tiempo
en el proceso creativo.




Yet/ Condición Humana


Yet/ Quietud Intervenida

Yet/ Trazos inacabados

Yet/ Silencio

 
Yet/ 6’45”





“Ante el daño, el silencio al que se sucumbe de inmediato no hace
sino evidenciar el fracaso del lenguaje, la necesidad de un tiempo interior
propio que vuelva a precipitar el habla; la posibilidad de continuarnos
discursivamente tras lo acontecido cuando lo acontecido nos fractura”

-Infoxicación, Margot Rot-



Yet/ 6’45”



Por último, Yet se acompaña de una publicación, un ensayo visual compuesto por imágenes de documentación de los viajes a las playas, las piezas de la exposición y tentativas visuales descartadas que forman parte de este camino.


Yet/ Ensayo visual




Esta propuesta no solo tiene una dimensión estética, sino también una fuerte carga ética y política.
El diseño gráfico y la comunicación visual exigen una responsabilidad social, no son neutrales y
tienen un impacto directo en la forma en que percibimos la realidad y nos relacionamos con ella.
Por lo tanto, lo que aquí se plantea es la urgencia de un diseño consciente, que asuma su responsabilidad en la construcción de los paisajes mentales y emocionales de la sociedad.
Porque en el mundo de la saturación de imágenes y estímulos, el diseñador tiene la posibilidad
y obligación de replantearse su papel.

Si hubiese algún alegato en este proyecto, sería el de trasladar el foco a lo dormido para nuestra atención, al placer de los márgenes, al fondo, al silencio. Este proyecto no pretende dar respuestas, sino abrir preguntas. Busca ser un punto de partida para nuevas formas de pensar y practicar el diseño. Del mismo modo que la obra de Simone Weil, John Cage, Derek Jarman o Hito Steyerl abrieron en mí una puerta hacia la reflexión, Yet pretende ser un punto de partida para nuevas formas o métodos de pensar y afrontar nuestra práctica, siendo más conscientes que nunca de su impacto en la salud
de los demás.









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