DEUS EX MACHINA
Ilustración/Exposición
2025
Ilustración/Exposición
2025
“¡Creéis haber copiado la naturaleza, creéis ser pintores y haber robado su secreto a Dios!
¡Para ser un gran poeta no basta conocer a fondo la sintaxis y no cometer errores de lenguaje! (…) es una imagen (…)
faltan el espacio y la profundidad; sin embargo, la perspectiva es correcta, y la degradación atmosférica está observada con exactitud;
pero a pesar de tan loables esfuerzos, no puedo creer que (…) esté animado por el tibio aliento de la vida (…)
El fuego de Prometeo se ha apagado más de una vez en tus manos y muchas partes de tu cuadro no han sido tocadas
por la llama celeste (…) Has flotado indeciso entre los dos sistemas, entre el dibujo y el color, entre la flema minuciosa,
la rigidez precisa de los viejos maestros alemanes, y el ardor deslumbrante, la feliz abundancia de los pintores italianos”
- La obra maestra desconocida, Honoré de Balzac -
¡Para ser un gran poeta no basta conocer a fondo la sintaxis y no cometer errores de lenguaje! (…) es una imagen (…)
faltan el espacio y la profundidad; sin embargo, la perspectiva es correcta, y la degradación atmosférica está observada con exactitud;
pero a pesar de tan loables esfuerzos, no puedo creer que (…) esté animado por el tibio aliento de la vida (…)
El fuego de Prometeo se ha apagado más de una vez en tus manos y muchas partes de tu cuadro no han sido tocadas
por la llama celeste (…) Has flotado indeciso entre los dos sistemas, entre el dibujo y el color, entre la flema minuciosa,
la rigidez precisa de los viejos maestros alemanes, y el ardor deslumbrante, la feliz abundancia de los pintores italianos”
- La obra maestra desconocida, Honoré de Balzac -
Toda disciplina, si quiere ser honesta, debería comenzar en la materia. En la resistencia del papel, en el peso de una herramienta. También en la manipulación paciente del pensamiento. Sin embargo, en una época que ha sustituido el gesto por el clic, el cuerpo parece diluirse.
El humano se vuelve interfaz de sí mismo.
El diseño se proclama instrumento para resolver problemas; pero si aspira a servir a las personas, no puede concebirse fuera de ellas. Diseñar desde la distancia —desde la pantalla como altar— es olvidar que toda forma nace de una experiencia individual.
El deus ex machina —recurso teatral heredado de la tragedia griega— irrumpe cuando la trama se enreda y una divinidad desciende para resolver lo irresoluble. Es una salvación externa, súbita, cómoda. Pensar que las soluciones que emanan del ordenador poseen esa cualidad casi divina es aceptar una forma de sometimiento: la criatura elevada a creador.
El gesto se arrodilla ante la herramienta. Los grandes estudios de diseño se erigen como catedrales consagradas a Apple, y el software en quien dicta liturgias.
Comenzar un proyecto en Adobe no es un pecado, pero sí una frontera. Puede ser una jaula invisible: eficaz, veloz, rentable. La digitalización promete inmediatez y eficiencia; susurra: “diseñen más, diseñen más rápido”, para que la rueda no deje de girar. Pero cuando el diseño se reduce a estímulo para el consumo, se vacía de sentido. Si diseñar es solo acelerar la maquinaria, entonces quizá debamos apagar las pantallas. Podemos vivir sin ese diseño.
Y entonces ocurre algo simple: una cartulina de color reaparece como sistema. Se convierte
en patrón, en estructura, en lenguaje. De lo elemental surge lo complejo. De lo manual, lo conceptual.
Y en ese tránsito, el diseño deja de ser una solución inmediata para volver a ser una pregunta abierta
entre nosotros y el mundo.